Del porqué es importante la educación de la salud mental

Por Elisa Horta

Muchas veces creemos que vivimos en una sociedad simplemente enferma, que lo que sucede a nuestro alrededor es consecuencia de miles de personas que padecen distintos tipos de malestares tanto físicos como mentales y que estos mismos terminan siendo una especie de escudo, o excusa, ante la realidad. Como si los protegiera de los demás males del mundo. Creemos que toda persona que se define a sí misma como “inválida” lo hace por llamar la atención o encerrarse dentro de si. Y, por alguna razón, sólo termina por aplicar para la gente cuya condición es mental. 

¿Por qué tomamos y hablamos de los males internos como si fueran falsos, ficticios? ¿Como si los hubiera creado la humanidad como una excusa para evitarse otras cargas que no deseamos tener en nuestras vidas? ¿Qué es lo que nos ha hecho tan insensibles a las enfermedades mentales?

En los últimos días me he dado cuenta de que la mayor parte del tiempo las personas reaccionan ante la proclamación de una enfermedad, o condición, de este tipo como si fuera una maldición absoluta; pesada e innombrable que nadie debería padecer y que se puede curar con una simple mentalidad positiva. Como si la depresión fuera cuestión de la ausencia de un par de sonrisas y que la ansiedad desaparecería con un poco más de tiempo de socialización, después de todo la bipolaridad es sólo un estado “natural” de la humanidad, todos los niños son hiperactivos y sufren déficit de atención y, claro, cualquiera puede padecer de crisis de identidad por no saber de qué manera vestirse en las mañanas, ¿no?

Pero todo esto es falso, un mito que se alimenta de años y años de ignorancia causada por la falta de educación sobre la salud mental que hoy en día es vital para el desarrollo de los jóvenes en nuestro país y en muchos otros. 

Ya no podemos ir por la vida usando nombres de condiciones, o adjetivos relativos a estas, como simples palabras para describir a cualquier persona. “Loca”, “bipolar”, “retrasado”… Muchas de éstas que nos hemos atrevido a usar como simples partículas de nuestro vocabulario diario han sido mucho más que insultantes e hirientes sin que nos diéramos cuenta, hablamos de depresión como si fuera simplemente la consecuencia de una película o una canción triste y de estrés como si fuera la respuesta natural de cualquier persona a la presión de un examen o trabajo importante sin darnos cuenta de que aludimos a males mucho más grandes. 

Todo esto tiene una solución muy sencilla, pero difícil de implementar debido al tabú que hay alrededor de los malestares mentales: la educación. 

Muchas veces tememos que  enseñar a los niños y adolescentes sobre muchos temas los hará propensos a modificar sus conductas o cambiar completamente su forma de ser. Es como cuando negamos la educación sexual por miedo de que los niños se identifiquen de cualquier forma diferente a la heterosexualidad o al espectro binario. Justamente así se tiene el irracional temor de que los jóvenes se den cuenta de que padecen depresión o que sus malestares internos tienen nombres específicos que terminan por aterrar a los mayores porque no saben cómo lidiar con ellos. Estamos hablando de exactamente lo mismo. 

Desgraciadamente estos pensamientos irracionales son los que no logran prevenir a más de seis mil jóvenes de cometer suicidios,  los que los privan de una educación íntegra sobre su bienestar y hacen que busquen información en lugares erróneos para luego compartirla, inconscientemente, entre compañeros y amigos. Es esta incertidumbre la que provoca que las generaciones más jóvenes no pueda buscar soluciones a todos estos problemas que afectan su crecimiento y desarrollo como personas. 

La educación sobre la salud mental a veces nos puede parecer hasta un lujo., argumentando que hay muchas cosas mucho más importantes que la discusión de trastornos internos que afectan a cientos de miles de personas alrededor de todo el mundo. Es casi como si creyéramos que no podemos permitirnos el bienestar mental a costa de aspectos mucho más importantes de una persona como lo es la salud física. 

Realmente hay que verlo de la misma manera, así como cuando nos sentimos mal corporalmente y algo nos duele o molesta en alguna parte de nuestro cuerpo, acudimos a un médico que nos revisa y después receta lo propicio para nuestra mejora. Justamente así deberíamos tratar a los padecimientos mentales: identificando qué es lo que “nos duele”, buscar atención psicológica primeramente y pedir que a través de una terapia nos estudien para ayudarnos a mejorar. Posteriormente se nos otorgará un medio de recuperación que quizás no sea tan rápido como las medicinas para los malestares físicos pero que sin duda nos traerán el mismo alivio. Y, honestamente, no hay nada más importante que eso. 

Cuando vemos estos dos casos a la par, como iguales, mediante un proceso informativo adecuado nos podemos dar cuenta de que es realmente importante y para nada negativo el aprender a discutir propiamente estas condiciones que al fin y al cabo tienen cura cuando no tememos de ellos. Lo más importante de cualquier enfermedad, física o mental, es acabar con ella y vivir tan plenamente como sea posible. Es aprender que no hay nada de malo de padecer una debilidad interna significativa en comparación a nuestro alrededor y que sólo siendo responsables, respetuosos y buscando ayuda y/o ayudar se logran mejoras significativas en todos los aspectos. 

Lo más importante de la educación sobre la salud mental, al fin y al cabo, es el como nos enseña a cuidarnos a nosotros mismos y a los otros en beneficio de la sociedad en general. El aprender a hacerlo es vital para cualquier persona que viva rodeada de personas que quiere y que le quieren.


Imagen: Your Story

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