Más allá de los popotes

Por Elisa Horta

Recientemente ha explotado una iniciativa por dejar los popotes y pajillas plásticas de lado. Empresas multinacionales como Starbucks y otras regionales como Boing han decidido dejar de producir estos aditamentos plásticos para sus bebidas mientras escuchamos cada vez más un rechazo inmenso al uso de éstos mismos. Poco a poco se ha registrado una alza en las redes sociales y el ámbito diario con respecto a esta práctica ecológica, una que pretende ayudar a cuidar el medio ambiente y, en concreto, a la vida marina. 

Hemos escuchado alternativas como popotes metálicos, lavables y completamente reusables así como la implementación de envases más elaborados que no necesitarán pajillas para tomar sus contenidos. Otra opción que lentamente emerge es la de las pajillas biodegradables, fabricadas con diversas fibras naturales y otros materiales desechables que no dejarán una huella ecológica tan grande como sus homónimos plásticos. 

La WDC (Conservación de Delfines y Ballenas, por sus siglas en inglés) se ha encargado por varios años de registrar y monitorear la contaminación marítima y busca erradicarla de manera eficiente, educando y haciendo lo posible por mejorar el ecosistema oceánico. Esta misma institución estima que cada año fallecen 100,000 animales marinos por la presencia de basura en el mar, que puede llegar hasta 12.7 millones de toneladas.  En números un poco más entendibles, esto representa alrededor de 400 kilogramos por segundo, de los cuales 80% es plástico. 

La idea, ahí está. Presente y factible pero, ¿realmente es la solución?

La contaminación de los mares y océanos se ha convertido en una problemática mundial desde hace ya bastante tiempo y, honestamente, los popotes no deberían ser nuestra más grande preocupación. 

Es decir, claro que es importante disminuir la fabricación del plástico y su uso global. Pequeños pasos como la eliminación de los popotes son inmensamente importantes y muy bien recibidos. Pero, ¿qué más hay que tratar?

Primero que nada, hay muchas otras presentaciones del plástico que podemos comenzar a dejar atrás. Las bolsas de las tiendas y supermercados, las botellas de agua y los envases o platos de este mismo material. El unicel, así mismo, también tiene que comenzar a desaparecer.  De igual manera resultaría conveniente comenzar  reciclar o buscar reutilizar los recipientes y contenedores de alimentos empacados y procesados o las mismas botellas que conservamos en casa. Optar por consumir menos alimentos fuera de casa y reducir las órdenes de comida que llegan a nuestras puertas para que, al final, podamos ir dejando un impacto cada vez menor de plásticos y deshechos. 

La contaminación es uno de los más grandes problemas de la actualidad, uno que día a día nos afecta y que tarde o temprano terminará por reducir, significativamente, el espacio, o margen, de vida que llevamos actualmente. Pero éste va muy ligado con el cambio climático pues la constante producción de envases, recipientes, accesorios y objetos plásticos que ya hemos mencionado con anterioridad, causa una gran alteración en nuestra atmósfera y el medio ambiente de nuestro planeta. No será hasta dentro de mucho, mucho tiempo más que los pequeños pasos que demos hoy causen suficiente revuelo como para cerrar y acabar con la fabricación de éstos mismos derivados del petróleo que tratamos de usar cada vez menos. 

Así que, ¿qué podemos hacer ahora, mientras dejamos que el resto suceda eventualmente? 

Para dejar que poco a poco se vaya disminuyendo nuestra huella de carbono, que significativamente es lo que más contamina, tenemos la opción de reducir el uso de la cocina y de los aparatos eléctricos cuando no es necesario. El desconectar electrodomésticos que no sufran desconfiguraciones ni alteraciones es vital, así como el uso del transporte personal y, claramente, sustituirlo de ser posible por el público o alternativas más verdes como las caminatas y la bicicleta. Medir el uso del agua y de la electricidad, hacer crecer los jardines o jardineras de nuestras casas o ayudar en los parques de nuestras colonias o áreas comunes de nuestros fraccionamientos. Pequeñas iniciativas como éstas, tan insignificantes al parecer como el rechazo de prácticas contaminantes en nuestros círculos sociales más cerrados, son los que al final de cuentas terminarán por hacer un verdadero cambio en el futuro.

Con un grupo de personas que comiencen a pensar de esta manera y ponerla en práctica, poco a poco, se irá expandiendo su estilo de vida y nosotros, por imitación, podemos multiplicarlo de manera significativa. Es así como se generan las transformaciones, es así como poco a poco podremos desarrollar una mejora en nuestro ambiente, en nuestro mundo y en nuestra vida. Eventualmente habremos logrado una transición saludable para el planeta que le dejaremos a las generaciones que siguen en un futuro y, también, les otorgaremos un buen ejemplo a seguir para que algún día ya no hayan jóvenes ni adolescentes preocupándose por su hogar. 


Imagen: My Modern Met

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