Los nostálgicos del chismógrafo

Por Omar Sánchez

Dedicado a todas las y los niños noventeros: aquellos que de una botella de plástico hacían un balón de futbol y de un gis un avión… 

Hubo una época que ya no existe más.

Hubo un día en que los niños hacían de dos piedras una portería, tocaban timbres, y brincaban con pericia el burro castigado.

Hubo un momento en que las tareas eran dictadas y no fotografiadas con el celular, hubo de hecho, una época sin celular, ni más redes sociales que las que uno podía construir a la hora del recreo.

También hubo una época en que el entretenimiento no estaba en las apps, sino en arriesgados deportes extremos como “coleadas” y “bolita”

Hubo una época y hoy no la hay más.

Lo sabemos bien quienes crecimos en los 90… aquellos a los que un tío nos habló orgulloso de cómo hacía sus tareas con la única ayuda de la enciclopedia Océano y cuando 10 pesos alcanzaban para una torta, un boing, unas papas y, frecuentemente sobraba cambio.

Lo sabemos quienes con indiferencia escuchamos la repetitiva historia, ignorando que algún día tendríamos esa necesidad de presumir a los niños todas las bondades de nuestra época.

Y es que la generación de los 90 es particular, tanto en su momento histórico como en su personalidad: somos quienes vivimos la verdadera transición tecnológica, pasando de la compra de monografías y pritt en primaria, a realizar investigación bibliográfica en la web ya en la prepa.

Observamos con rapidez el crecimiento de las redes sociales y nos tocó enterarnos de chismes tanto en el chismógrafo¹ de la escuela, como en el muro de Facebook. En aquella época a algunos les hubiera venido bien la existencia de Tinder pero ¿quién lo necesitaba?, teniendo “semana inglesa” y “verdad o reto”.

Pero como diría el rapero español Zatu: “el tiempo no perdona ni siquiera al soñador”, y pasados los años, hoy somos quienes se enfrentan, como todas las generaciones, a los llamados ‘verdaderos problemas’ del mundo real: incertidumbre laboral, relaciones interpersonales complejas y un esfuerzo constante por dibujar estabilidad ante la vertiginosa vida adulta.

Conozco casos de personas debajo de los 30 con estrés crónico, gastritis y que han convertido su cajón en una sucursal móvil de farmacias similares; conozco otros cuya vida está en el inventario de las adquisiciones de la empresa en la que trabaja, unos más han caído en una espiral interminable de decepciones afectivas.

Pareciera ser que antes había menos problemas, pero lo cierto es que en noventa ya había suficientes problemas como para angustiarse… quizá los problemas del mundo nunca han dejado de estar, tal vez la diferencia estribó siempre en la actitud creativa y atrevida para convertir de ellos una oportunidad para la experimentación.

Este es, por tanto, un llamado, una mensaje directo al espíritu de niño noventero que por encima de la limitación encontraba “la manera”; porque los niños noventeros, aún con ausencia de elaboradas tecnologías, podían conseguir lo que se dice que sólo las mentes iluminadas: aprovechar el aquí y el ahora, y con ello, ser todo.

Este es un llamado a nuestra propia historia, a la idea de reencontrarnos con la idea de lo juguetón y sublime, a la necesidad de rescatar en un mundo de contradicciones la energía de la creatividad, para hacerle frente, incluso a nuestras sombras más funestas.

La generación de los 90 se caracterizó por hacer de lo simple un reto a la creatividad, de la espontaneidad una posibilidad para divertirse y de la carencia algo extraordinario. 

Este es un llamado a las personas de cualquier edad, para encontrar en su historia, las posibilidades de la creatividad y el atrevimiento infantil. Quizá, con ello nos bastara para entender el consejo del escritor Frank Herb, quien decía que la vida no es un problema para resolver sino una realidad a experimentar.


Con dedicatoria a todos mis amigos y amigas, a quienes les pido nunca permitirse ni permitirme, dejar de ser un impertinente juguetón de la realidad.


¹El chismógrafo es una libreta en la que se plantea una pregunta personal en cada hoja, misma que debe ser respondida por cada persona lo tuviera en sus manos. Uno respondía y al mismo tiempo se entera de las respuestas anteriores… algunas de las preguntas más populares eran: ¿Quién te gusta del salón?, ¿Quién te cae mal?, y una “hoja libre” en la que se podía anotar cualquier chisme, aclaración o insulto de interés común. 


Imagen: https://www.okchicas.com/curiosidades/senales-estas-haciendo-mayor

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