El espejo dentro del agua

Por Noemy Gonzalez G

Un cuarto blanco con herrería de techo protegía a aquel cuerpo de agua delimitado por una fosa de 50 metros de largo. Seis gradas color cemento, a menos de tres metros de la alberca, concentraban a las familias de los competidores; banderines plastificados triangulares de colores traspasaban un par de metros del piso, y cubrían de lado a lado el lugar; en los bancos de salida, se colocaban los señalamientos del carril correspondiente y un tablón, funcionaba de centro de reunión y control para jueces y cuerpo técnico.   

La cuerda en los quince metros se aseguraba en cada extremo horizontal de la alberca, un juez, se encuclillaba junto a las ataduras de cada lado, para revisar que la flecha subacuática de los nadadores no rebasara esa distancia, que sería, una de las múltiples causas de descalificación. Ocho cronometristas y jueces de nado, del lado vertical de la alberca ocupaban sus sillas de plástico, para cerciorarse que los nadadores cumplieran los reglamentos.

Con la máquina engrasada y la cancha preparada el inicio de las pruebas no se hizo esperar; las niñas de la primera categoría entre 13 y 16 años inauguraban aquel líquido cristalino, de manera formal con el primer hit, mientras el resto de los jóvenes, esperaban su turno, en grupo, comentando las buenas nuevas, observando a los diferentes nadadores y uno que otro con menos suerte, con un libro y una libreta entre sus manos realizando labores escolares. 

El evento deportivo contrastaba con los más populares en México como el futbol o el box. No había impugnaciones contra otros jóvenes, ni mucho menos, palabras altisonantes desprestigiando al resto. Los gritos que ocasionalmente se llegaban a escuchar, eran de los padres de familia alentando a sus descendientes, o un chiflido de uno que otro entrenador sacando su presión o como recurso auditivo para el nadador, que, pareciera, tener oído diferenciador entre un instructor y otro.

27 grados centígrados del agua correspondientes a los estándares establecidos en los reglamentos de la Federación Internacional de Natación, impregnaban los cuerpos de aquellas tres categorías que buscaban posicionarse dentro de los mejores cinco dentro de la ciudad en su división. 

En sus trajes de baño resaltaban las marcas que patrocinaba a figuras mundiales como Michael Phelps, Adam Peaty y Katinka Hosszu, sin embargo, su trayectoria aún no lograba posicionarlos en la lista de Arena o Spedoo, dándoles únicamente colores diferenciadores entre las instituciones mater. 

Dos jóvenes con diferencia de tres segundos en tiempo en la inscripción uno del otro se disputaban el hit, el árbitro los colocó en sus pedestales, dentro de los carriles 4 y 5, y con un movimiento de mano, el juez le pasó el poder al juez de salida para dar la orden. Pocos instantes en congelación pasaron, y un bip fue la marca para que los jóvenes tocarán aquel líquido aún trasparente, rompiendo el agua, fundiéndose entre sudor, cloro y cuerpo humano. 

En los primeros quince metros, parecieran espejos, la similitud de sus movimientos abajo del agua, permitieron que ambos salieran a la superficie al mismo tiempo, pero, no pasó mucho tiempo, cuando José Luis tomó la delantera, gracias a su estilo crol, donde, pareciera formar un molino por los círculos tan exactos que formaba con sus brazos.

A manera de pala, sus manos parecieran crear un par de surcos en el agua, y sus pies, simulaban el movimiento de una sirena, al fundirse sus dos piernas en una. Tal armonía lo posicionó en la cabecera, sin embargo, sus 37 brazadas, no le funcionaron en los 50 metros de regreso. 

El toque de las extremidades obligatorias con las placas electrónicas dentro de la competencia le dio al primero, rumbo a los 100 metros la delantera, el impulso de sus pies con el borde de la alberca, al momento de dar la marometa, lo impulsó para que, en la segunda y tercera vuelta con 32 y 36 brazadas, lograra encabezar aquella competencia, que únicamente, pareciera ser entre ellos dos, aunque, en el resto de los carriles, seis jóvenes más, la mayoría, también correspondientes de la universidad, lograran vencerse a sí mismos. 

Treinta y cinco segundos con diez decisegundos favorecieron al diseñador, a recuperar su ventaja ganada inicialmente, con un tiempo total de 21:638 segundos, contra, 21:726 segundos. Cien unidades de medida representaban las cuatro horas de entrenamiento por día y se materializaba su recorrido rutinal.

La competencia estaba a la mitad, y, aunque, ninguno de ellos representaba en ese momento el mejor tiempo de entre los ocho carriles, la competitividad, y tensión, se centraba exclusivamente en ellos. El quinto cincuenta ya estaba sucediendo, y el cansancio ya hacia estragos en el cuerpo. El rendimiento del día previo impedía a ambos nadadores dar lo mejor, ya que su cuerpo, se encontraba fatigado del desgaste de la semana, demostrando en la práctica, la importancia del descanso previo a una competencia. 

Un espejo parecía colocarse entre los dos, la diferencia entre ellos era casi imperceptible, uno marcaba delantera al dar vuelta, su cuerpo fornido, pectorales definidos, piernas contorneadas y la altura le ayudaban para obtener un movimiento de ventaja, mientras el otro rápidamente lo alcanzaba con aquel delgado pero fuerte cuerpo. 

Las series no cambiaban, en el ir y venir de su cuerpo, ganaba o perdía la ventaja recuperada, pero, la vuelta final había llegado. En la octava vuelta el segundo ya perdía potencia, sus movimientos se entorpecían dándole a el primero una ventaja de cuatro diecisegundos, los cuales fueron cruciales para darle a este la victoria. 


Imagen: https://contactohoy.com.mx/natacion-actividad-fisica-completa-que-beneficia-la-salud/

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: