De la modernidad por la mañana a solas

Por Jimena Cerón

En paz, podría definir mi posición esa mañana al despertar con una ligera brisa más fría que hostil, y más cálida que tenue para permitirme sonrojar mis mejillas, al tiempo que estiraba las piernas para sentir gratificante el clima de un buen domingo. No tardé mucho en abrir la ventana y estimular mis sentidos con buenos olores, olores que sensibilizan mi persona y mantienen latente la idea de disfrutar la soledad frente al espejo, esta vez, acompañada de las letras casi brotantes de la orilla de mis dedos hasta la punta de mi cabello, al que me parece abrumante tener que llamarle melena, en una idea de aceptar la naturaleza de mi persona física como si fuera una fiera incontrolable estando en su hogar.  

No me gusta el color, últimamente no me gustan los colores tan brillantes tan cercanos a mis cosas, no si estos no tienen un orden de combinación, que absurdo, tendrá que ser una cuestión a urgencia de resolver si quiero se armonice un poco más mi entorno, no importa – pienso. Es momento de amarme, resuelto, genial. Que gran placer beber agua fresca por la mañana. Cítricos, más olores, más sabores, más recuerdos, lo acabo de decidir, busquemos una pose que me parezca tan astuta que piense que estarás observándola mientras intentas descifrar quien soy, “correcta”- me dije. 

Una perfecta melodía se une a la colección de cosas buenas que debe ser rescatada del pasado empacado desesperadamente a través de varios momentos u oportunamente, para que no fueran mal gastados en otros momentos y estar ahora acompañando momentos perpetuos. Decisivo. ¿Qué opinas tú de los aplausos?; En lo particular me gustan, me agradan, no muchos y no por largo tiempo, pero si grandes, fuertes, impotentes, y, sobre todo, reales. De esos estrepitosos que es imposible dejarlos de percibir, y que pueden con su energía, unir otras palmas, en un intento de conformar un unísono de aplausos, donde, por supuesto, aquel sigue siendo el perceptible. Esos me gustan, esos escucho y esos mismos me dedico a dar. 

Inserta en la juventud y a la vez en un proceso político que acoge a todo el mundo para permanecer especulaste ante los cambios reales y la significación que tendrán estos en la sociedad mexicana, parece que debería seguir mi andar sin detenerme a pensar en lo profundo de la diversidad ideológica y de la complejidad que supone ser gobierno sin tener claro que debes de ser apropiado para todos, entonces; ser heterogéneo y funcional es la respuesta, aunque no sepamos exactamente de donde está dirigida y hasta donde llega, o de donde pretende sostenerse en esa búsqueda de la moral.

Mi moral; y solo estoy hablando de hoy, por el contrario no está ahora sujeta a nada, solo a mí, como el alfa y el omega, el principio y el final, pero no hablemos del bien o el mal, solo de la verdad, la búsqueda precisa y absoluta de la verdad, de lo real de lo siempre inmensamente leal. Observo mi mano y los caminos de ella parecen un poco distintos, o quizá los mire claros, no estoy segura de que las líneas de las manos puedan modificarse, estoy segura de que pueden incrementar, lo he notado, yo poseo infinidad de pequeñas líneas que nunca antes he visto, hoy tendré que clarecer este pensamiento. 

Una vez disfrazada ideológicamente de lo que es hasta hoy la mejor versión de mi, pondré la  careta de humano y seguiré observando, quizá sea más oportuno hablar de construcción de discursos para sentirme cómoda al sonreír y entender porque puede tu postura distinta a la mia, vaya, creo que no he dejado siquiera que analices completamente las preguntas que te he plasmado, pero sabes, soy consciente yo sé que solo es un dialogo interno, una vez más, como el día que descubrí poder hacerlo, y bueno, la sonrisa, la mirada, la forma en que mis manos se empeñan en no dejar de teclear las ideas como si de una fuente o mejor dicho de una cascada que sin remedio a un profundo pozo de donde emana mi felicidad, me recuerda que mis parpados se mostraban un poco cansados, así que será mejor los dedique  algo menos arduo, debo de pensar en otra postura. 

No es necesaria la suerte para saber cómo vestir apropiadamente, como mantener una conversación pensante o como mirar a la otra persona para encaminarte en tu persona para facilitar la manera en que se den los hechos a tu favor. Decidiendo la historia. El tiempo y el espacio visto ahora desde la relatividad, no tendrían por qué hacer sufrir a alguien que sabe exactamente lo que quiere y que posee un cerebro además de habilidades corporales que lo hagan erguirse ante su camino y no por el contrario, mantenerse dócil hasta el punto de parecer agriamente inerte. E=mc2


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