Magaly o de la libertad como facultad y cualidad

Por Fernando Rocha

Magaly es el último suspiro del mundo. La humanidad enmohece mientras ella reverdece. Magaly es el impuntual mañana, el jardín de las esperas. La realidad es una déspota, pero la sonrisa de Magaly es la libertad de los hombres porque allí beben pasos los cojitrancos. Ni la prensa de lágrimas ni el zapping baboso y ni el internet de navajas habían perturbado a Magaly hasta que, oteando desde el risco de su ventana, ella me preguntó:

— ¿Y si el fin arriba antes que el comienzo?

Salimos. Charlamos con las calles, entrevistamos a las plazas, acosamos a los palacios y todos los humanos eran alas rabiosas. El vértigo arrojó a Magaly a un escalón azul de Valparaíso, al asiento grana de un subte hacia Plaza de Mayo y a la arena de Acapulco. Sus mejillas se desmoronaban así que…

— ¿La voz es la soberanía de las alas? —pregunté para que Magaly sobreviviera en su curiosidad—, ¿las alas son el derecho de la voz?, ¿pero la libertad implica alas y la democracia, voz? La duda es metamorfosis, es escarceo donde la voluntad puede añejarse para saltar o sumirse, pero la certeza es engarce, es hielo donde el sueño muere o retoza. Hoy la voz es un cielo berrinchudo y las alas son un bramido abrasante. Existe un tesoro que la libertad conserva pero que la democracia carcome: la obra humana. Hoy los derechos tienden a ser suicidios de la humanidad. 

Su corazón se irguió.

— Los hombres pulen su reflejo y no advierten cómo se despeña su parterre —agregué.

— He observado las guerras de las academias, los grafitis despóticos, las marchas voraces. Cuando la humanidad reclama democracia, está llamando a un arcoíris monarca. 

— Así es, Magaly, y parece que las causas son una manca libertad y una democracia repantingada. ¿Qué cuestión merita reflexionarse primero?

— ¿Acaso el terror puede pensarse? Comienza por donde desees; el rostro y la nuca son caras del corazón. 

— Bien. Todo concepto es una guerra de verdades porque la humanidad no cabe en su lenguaje, y libertad es relato de ello. Esta palabra es un laberinto semántico y funcional, por ejemplo: en las polis griegas la libertad era un requisito para ser polite pues, sólo quien no estuviera sujeto a las actividades que procuraran su sustento, tendría disponibilidad para atender los asuntos de la comunidad1, por lo que después un estagirita definió al poder político como aquel que se ejerce sobre un libre e igual y no sobre un esclavo2, pero para un sensualista la libertad fue la ausencia de obstáculo y ser libre consistía en realizar voluntariamente lo posible3, definición semejante a lo que dijo un barón francés: que la libertad es el ejercicio de la voluntad pero que la libertad política es el derecho de hacer todo lo que la ley permite4. No obstante, un anglicano inglés manifestó que el estado natural es un estado de completa libertad porque en él los individuos son igualmente libres y cada uno dispone de su propiedad y de sí conforme su voluntad entretanto ésta sea acorde a la ley natural5, mientras que un ginebrino expresó que renunciar a la propia libertad es renunciar a la humanidad, a los derechos y deberes humanos6.

―Entonces el liberalismo ha exaltado la existencia de derechos preexistentes al Estado y ha considerado a éste como un ente (mal) necesario para la garantía de aquéllos, además de concebir a los hombres como capaces de organizarse para satisfacer sus necesidades. 

―Así parece, Magaly. Pero la libertad, como lo expuso un letonio, también puede ser la realización sin obstáculos de la verdadera naturaleza o la autodeterminación con acciones conscientes de su intención, elección y finalidad, siendo posible creer que el conocimiento libera y responsabiliza al descubrir las posibilidades e imposibilidades para efectuar la voluntad7. No obstante, debe distinguirse entre liberación y expansión de la libertad: al incrementar el pensamiento racional del individuo, éste se emancipa de fuerzas desconocidas al conocerlas y, por lo tanto, su voluntad impera, pero no lo empodera pues las imposibilidades, aunque sean conocidas, continuarán siendo obstáculos, es decir, el conocimiento descubre los límites pero no los elimina. 

―De consiguiente, parece imprescindible, al definir libertad, relacionarla con el acontecimiento y no la potencia de la voluntad, lo cual infiere a un individuo consciente y responsable de sus actos, además de considerarse a la voluntad como un medio para la “realización de la naturaleza”, es decir, la libertad es el acontecimiento de la voluntad responsable para una humanización del individuo.

― ¡Maravilloso! Tu boca abrevia al mundo, Magaly. Pero es necesario sintetizar entonces que la libertad existe como facultad natural y como cualidad política: una manifestada por la voluntad y profundizada mediante la posibilidad y otra regulada por la ley (el Estado, la comunidad) y extendida mediante el derecho.

―Pero en este mundo ambas libertades parecen irreconciliables: los humanos legislan con su voluntad porque convierten la posibilidad en un derecho. Y es su creencia de merecer todo la que los está privando de todo.

―Es porque la humanidad ignora una tercera faz de la libertad: la libertad como universo de posibilidades. Dime, Magaly: ¿qué es una roca?

― Una roca es una roca, absurdo sería decir otra cosa.

― Ahora responde: ¿qué es una pirámide?

―Una pirámide es un monumento con base poligonal y caras triangulares que desembocan en un véritce. 

―¿Y qué distingue una roca de una pirámide? ¿Su forma, su función, su sentido?

―Todo lo que mencionaste.

―No, Magaly. Lo que distingue a una roca de una pirámide es su humanidad. La forma, la función y el sentido de la pirámide son productos humanos. ¿O es que cuando observas una pirámide, concibes una roca?

―Absolutamente no.

―Como dijo un prusiano: existe un universo simbólico superpuesto al universo físico8. Y este universo simbólico es la primera y mayor obra humana, en ella está el lenguaje, el arte, la religión, la ciencia, la historia y ¿que no es esto lo que constituye a la cultura y la cultura, a lo político? 

―Claro. No es posible otra forma.


Quien no gozara de skholè o, latinamente, de otium, por dedicarse inevitablemente a la procuración del sustento, era un esclavo.  

2vid. Aristóteles, Política, 1255b.

vid. Hobbes, Leviatán, Capítulo 21. 

4  vid. Montesquieu, El espíritu de las leyes, Libro XII. 

vid. Locke, Segundo tratado sobre el gobierno, Capítulo 2: §4. 

vid. Rousseau, El contrato social, Libro I: Capítulo IV. 

vid. Berlin, Conceptos y categorías, p. 283-318.

vid. Cassirer, Antropología filosófica, p. 47. 


Bibliografía:

Aristóteles. (2011). Política. (Vol. III). España: Gredos.

Berlin, I. (2013). “De la esperanza y del miedo liberado” en Conceptos y categorías. México: FCE.

Cassirer, E. (2016). Antropología filosófica. México: FCE.

Hobbes, T. (2011). Leviatán. España: Gredos.

Locke, J. (2011). Segundo tratado sobre el gobierno. España: Gredos.

Montesquieu. (2002). El espíritu de las leyes. España: Istmo.

Rousseau, J. (2011). El contrato social. (Vol. I). España: Gredos.


Imagen: https://www.seriouspuzzles.com/doors-of-the-world-1000pc-jigsaw-puzzle-by-ravensburger/

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