Narraciones de tres sueños

Por Guillermo Alvarado

1.Alguien murió, estoy muy triste y lloro intensamente, siento que estoy llorando de verdad, con espasmos y lágrimas a borbotones, estoy inconsolable, no se quién se ha muerto, en realidad si se pero me niego a aceptarlo, pienso en todo lo que no dije, lo que omití y ahora no hay mas tiempo, pienso en todo lo que debí decir, lloro por mi y por ella, la extraño tanto y aunque intentan consolarme, sigo llorando, no me atrevo a verla en el ataúd, veo parte de su cuerpo, pareciera que está a punto de levantarse, mueve un poco sus pies, los conozco bien y se que se han movido, de pronto no se que sentir, estaba tan triste y ahora se mueve, me siento confundido, no obstante me despierto sin saber si ella en verdad estaba muerta o los movimientos de sus pies eran parte de unos reflejos o ilusiones mías o sencillamente el precedente de algo macabro, no importa ya, me limpio las lagrimas de la cara y me quedo despierto en la obscuridad durante unos largos minutos. 

2.Voy manejando, reconozco el vehículo pero no lo hago consciente, para mi es un aspecto más dentro de la acción de manejar, también pienso en comida, tengo hambre pero no encuentro comida, de pronto estoy en casa, no es mi casa, se parece a alguna de una serie de tv, amplia con barra en medio, iluminación cálida y todo organizado, como si nunca se usara. Tampoco hay comida en esa cocina. Ahora estoy acostado, en una cama que no reconozco pero es cómoda, sigo con hambre, duermo y entonces despierto. Me levanto con hambre, pero tardo aun en bajar a desayunar y pierdo el apetito.

3. Tengo sexo, pero no reconozco con quien estoy, el cuerpo de ella va cambiando, a cada caricia, a cada espasmo, a cada movimiento es otra persona, cambia el tono de su piel y su composición, pasa de morena como el café tostado a una tez blanca como la leche, después se torna morada, amarilla, pasa por todos los colores del espectro de luz, su piel crispa, raspa, es suave de pronto dura, tersa y áspera, muta y siento que no estoy con nadie sino conmigo mismo, de pronto siento que estoy penetrando un ser etéreo, una burbuja de aire, poco a poco mi pene y mis piernas se entumecen, no pasa mucho tiempo y el resto mi cuerpo también entumece, siento la muerte reclamándome, pero no es breve, dura minutos que se vuelven horas, siento que he pasado media vida inmóvil, sin siquiera cerrar los parpados, gritando en total silencio y soledad, no hay vida después de la muerte, lloro desconsoladamente, y entonces despierto. Tardo un tiempo en volver a querer dormir, hasta que me vence el cansancio, son las tres am aproximadamente.

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