El discurso de lo perverso o carta a mi misma para ti

Por Jimena Cerón

Hablemos de los días en que ahoga en la melancolía y por que no, en una especie de soledad mientras los sabores embriagantes aquellos que encienden e incendian los sentimientos al entrar en tu cuerpo y te hacen estallar en la desesperación mas leal a lo real. 

Parte de estos son discursos vacíos de sentimientos nítidos, parecen una mezcla de furor y ansiedad, casi como el sentir la adrenalina, pero sin el miedo que logra hacer un ímpetu en la desesperación. No como un impulso sino como una decisión consciente de querer cambiar el actuar. Entonces, pasa el tiempo, comienzas a caminar bajo la noche oscura de forma automática, ves trazada por tu senda las flechas seguras para llegar a tu destino. 

Lo escuchas; ahora que percibes su presencia más estrecha a la tuya, puedes sonreír, de pronto, un nuevo vacío, estas actuando distinto, aún hay tiempo, pues arrepentiré aun, aun ahora cuando piensas en cada momento que espera, aun ahora cuando no ves claro las líneas en tus manos, aun ahora cuando no entiendes por qué te confunden los colores, aun…

No quieres hacerlo, no lo harás, éxtasis llegar a esto en tu memoria, no lo harás, estás decidida, te lo repites siete veces, esa manía de buscar una ola de certeza en lo que nunca fue certero para ti. El tiempo corre, la noche ahora te enseña sobre el sentir el frío, vivirlo, no puede detenerte, cualquier corriente fresca es más que necesaria mientras sigues avanzando, “HOY ES EL DÍA” – piensas en tu mente casi tan fuerte que del rose de tus labios con la lengua, como soléis jugar cuando necesitas inspiración, se siente una especie de energía que te hace vibrar y respirar profundamente, no lo habías notado hasta que ahora lo has escrito, que gran placer leerlo. 

El viento sopla más fuerte y mientras avanzas, mientras subes y bajas percibes que una tranquilidad inmensa comienza a llenar tu cuerpo, te miras, una vez más, ahora quince años después de haber descubierto el poder del espejo ya no titubeas en hacerlo cuando necesitas claridad sobre tu persona, te miras una vez más, una sonrisa apretada y una miranda profunda parece casi guiñarte el ojo al mismo tiempo que guarda en tu respirar todo su pasado. Un millón de rostros, no muy segura del momento, pero si del recuerdo, la misma escena viene a tu mente una y otra vez, otra vez y de nuevo hasta que corres, y notas que estas volando, regresas, ningún rostro de esos está en tu recuerdo, ningún rostro de esos es el suyo. 

Comienza la espera, esa después de tu decisión, ahora solo esperas por ver nuevamente sus ojos, él te abrazara en esta ocasión… es él, viene caminando hacia ti. 

Las mismas facciones que viste ahora se reflejan en su rostro, en esa mirada, ahora es suya, cuanta tranquilidad, cuanta verdad, cuanta realidad al fin en un mismo sitio, al fin frente a ti. Todo parece igual, se sienten los mismos recuerdos, esa combinación entre lo que quisieras dejar y lo que en realidad quieres ser. Sus manos son fuertes, sus brazos no son cálidos, en cambio siguen sujetando toda tu presencia tras de sí.

Para qué hablar de lo mismo, para qué repetir un discurso doloso que puede darse en la soledad, para qué compartir un instante que solo buscas sepa amargo. Comenzamos a bailar, lo disfruto tanto, me siento feliz no había reído tanto, pero aún no soy… tener ahora a alguien con quien compartir la felicidad, la dicha, los sueños. La noche parece no tener fin, el tiempo parece no importar, entre la oscuridad una cruz, aun más, me recuerda que está frente a ti, que puedes pedirle se arrodille y bese cada parte entre tus piernas, que él beberá siempre que lo dejes en tu corazón, que el demonio que soltaron desde hace tiempo es ahora un lazarillo que no tiene opción más que servir, pues hoy ni siquiera lo ven. 

Todo es invisible, recuerdos difusos, pensamientos que antes de que logren hacerte sentir algo, logran ser eliminados de ti, que alegre, que vacío. Un recuerdo ahora acompañado de culpa. Una culpa ahora acompañada de felicidad. Y tu acompañado de bajo esa luna que tantas veces ha sido testigo de lo pesado de sus agonías. 

 Te estás muriendo de ganas por detener el tiempo, quieres dejar inmortalizado un día más tomada de su mano, él lo está permitiendo, pide que lo aceptes, que no juzgues y que no exijas mas allá de lo que te ofrece, que no busques cambiarlo. Es diferente, lo notas, su discurso ha cambiado, ahora acompaña tu sentir y parece ser sutil en lo que quiere ocasionarte, debes ahora ser clara con tus actitudes y con tus acciones, deberá ser perverso tu discurso.

Perverso como si se tratara de la muerte. Perverso como si se tratara de la vida. Perverso como si todas las mentiras fueran verdad. Perverso como si toda la verdad se tratase de una mentira. Perverso como cuando dices que por él estás feliz y disfrutas de su ausencia. Perverso como si quisiera amarte y el pasado lo prohíbe. Perverso como si quisiera odiarte y el amor lo impide. Perverso como si te mintiera sobre la soberbia y soberbio como si perverso él no fuera.  Perverso como pidió creas en un discurso. Perverso porque sabes que eres tú quien ha hablado. Perverso porque conocemos la historia, perverso porque el cuento no ha terminado. Perverso porque estás preso en la melancolía, perverso porque juntos son la máquina de ser feliz.

Y mientras tu escribes esto, él lo ilustra en tu retina. 


Imagen: https://www.google.com/search?safe=active&biw=1366&bih=657&tbs=isz%3Aex%2Ciszw%3A800%2Ciszh%3A450&tbm=isch&sa=1&ei=3Ls2XMiZH4OCsQXozJXoBA&q=espejo+pintura&oq=espejo+pintura&gs_l=img.3..0j0i5i30j0i8i30l8.17189.19001..20418…0.0..0.89.611.8……1….1..gws-wiz-img…….0i67.3TcaHYu0iTU#imgrc=f7h9k2pWqrPDzM: 

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: