Libre

Por Guillermo Alvarado

El sujeto A sale de su habitación, recorre un pasillo breve atestado de libros y revistas, cruza la cocina y la sala, sale al patio por la puerta de atrás, deja la puerta abierta; se toma un respiro y enciende su cigarrillo, da un par de caladas y poco a poco va despegando los pies del suelo, el patio gris queda de nuevo vacío, solo queda un cigarro encendido tendido en el cemento cerca de la coladera.

El sujeto A se eleva, en línea recta, con las manos ligeramente extendidas, sus pies relajados, sus ropas abultadas por el aire y su cabello desordenado por las ráfagas de viento, el sujeto A resiste al frío y la humedad, su elevación continua por unos metros más, lleva una altura semejante a la de las rutas comerciales de los aviones, algunas aves se extrañan de la aparición del sujeto A, pero continúan su camino. El sujeto ha alcanzado una altura considerable, alcanza a ver tierra interminable, caminos, poblaciones enteras, la tierra sigue su camino y él apenas ha movido un dedo. Etéreo admira la vasta geografía. 

El sujeto A desciende. Cae, es más apropiado decir. Cae sin frenos, su posición es diferente, su cuerpo alineado apunta la cabeza hacia abajo y sus pies asoman las suelas al cielo, cae como la lluvia. El sujeto A se precipita, casi siente desprendérsele sus extremidades, cae en segundos lo que subió en minutos. 

Abajo, el sujeto B es víctima de su imprudencia, ha cruzado la calle en luz verde, logra alcanzar la otra acera con premura, los autos salvajes circundan la calle, pasan sobre ella como gacelas asustadas. El sujeto A cae sobre el sujeto B, el impacto rompe instantáneamente ambos cráneos y columnas vertebrales, lo que minimiza el espectro de dolor, los huesos se crispan y salen en centenares de astillas, se esparcen por todo el suelo, llegan al pavimento, unidos a restos de carne y tejido, la sangre se riega por todo el lugar, se mezcla con el cemento y las coladeras, los postes de luz y los cables, la gente que pasa alrededor recibe en sus ropas y caras, restos de los sujetos A y B, órganos y vísceras quedan regados y fragmentados, ambos sujetos quedan mezclados, licuados en una sola mancha humana, piel y sangre tapizan la banqueta, algo semejante a un seno sigue rodando por la calle, dientes y dedos de los pies rebotan, gritos muchos gritos rompen el silencio, gritos desaforados de los testigos silencian los ruidos de los autos y de las televisiones, no hay música ni programas de tv, no hay sirenas ni ronroneos de motor, solo gritos y una mancha en el asfalto.

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