Por el placer de leer a los Taibo

Por Mónica Vargas

Dijo alguna vez  Chavela Vargas que “el mexicano nace donde se le da la gana”, o su rechingada gana, como uno quiera verlo. En el caso de los Taibo fue Asturias, España. Paco Ignacio Taibo y Maricarmen Mahojo concibieron un primer hijo, Paco Ignacio, antes de exiliarse a México. Desde entonces, Taibo I fue un periodista destacado, un apasionado de las letras y la cultura mexicana, así como un hombre de dimensión moral que cuentan quienes lo conocieron era la Madre Teresa de los escritores mexicanos desde los años cincuenta hasta su fallecimiento en 2008. Justamente a diez años de que esa neumonía fulminante lo separara de su familia, amigos y lectores, su hijo Paco Ignacio Taibo II escribe un texto por demás conmovedor; lleno de enseñanzas, anécdotas y recuerdos entrañables para quienes admiramos su obra. 

Comienza la narración con una tarde en que el niño de ocho años, Paco, se escondía bajo la mesa para oír teclear a su padre mientras escribía novelas después de haber pasado la tarde redactando en el periódico donde trabajaba. Nos cuenta, cómo aquel hombre de bigote poblado y Remington desgastada se esforzaba por encontrar las palabras exactas, por describir con letras lo que pasaba por su experiencia y por sus sueños. Paco Taibo hace del texto “Por el absoluto placer de estar con usted, jefe” una carta de amor entre un hijo y un padre, un recorrido historiográfico que nos lleva de Nueva York a Chapultepec y de las Olivetti portátil hasta las máquinas eléctricas. 

Entre charlas y conferencias hemos conocido la vida de Taibo I, dicen sus hijos que uno de sus sueños más grandes era viajar a París y lo logró convirtiéndose en cronista deportivo del Tour de France, que la única lección que recuerdan de su padre es sobre lo que estás leyendo, sobre la literatura, y que atreviéndome a robar las palabras, “he hecho tan mío que olvido dónde acaban las palabras de uno y empiezan las del otro”. Las mejores anécdotas sucedían en su casa, que era la casa de poetas, novelistas y ensayistas entre las amistades más cercanas estaban Luis BuñuelLuis Alcoriza y Amparo Rivelles. En esa casa hubo hepatitis, cubas libres de Bacardi, organización de huelgas, tertulias, debates… en esa casa de la Roma sucedió la vida. 

Después de leer esta crónica solo puedo pensar en las novelas, relatos, artículos, reseñas, entre tantos géneros literarios que encabeza Paco Ignacio Taibo I. Debo confesar que comencé a leer los poemas y las novelas en primer lugar de Benito, el hijo menor. Aquellos homenajes a la literatura y a las figuras del lenguaje que  justamente nos permiten llamar  “lengua viva”, porque tiene una vigencia, vive un periodo en la humanidad y evoluciona con ella. Su obra, más que una colección de estantería es un tesoro de esos que se deben compartir porque uno no se puede quedar solo con tanta riqueza; un primer acercamiento a la palabra escrita como vicio que tarde o temprano se convierte en oficio. De la función social de las gitanas ni Persona Normal podrían englobar lo que significa su obra. Benito, es un creyente de los libros a ciegas, un combatiente de la ignorancia y la injusticia que llama a través de su obra a una resistencia que, en palabras de él, nos llevaría a la democrática república de los lectores. 

Paco y Benito son una suerte de milagro laico, pues han ideado estrategias de fomento a la lectura que van más allá de separadores y cuentacuentos. Ellos, mediante “Entre Taibos te veas” han logrado convertir a cientos de niños, jóvenes y adultos en lectores, pero no solo eso, nos han convertido en lectores libres. 

Paco Taibo II es el historiador por antonomasia, un genio de las letras y un entusiasta del saber universal. Entre sus obras más destacadas están las biografías del Che Guevara y las novelas policiacas que tanto engrandecen nuestras bibliotecas. Pero hay una serie de textos, una breve y concisa narración de la Historia de México: Patria I, II Y III, que, en opinión mía, están mejor escritas que los libros de texto de la Secretaría de Educación Pública. 

Ya es delicioso conocer la obra de estos tres autores, pero saber que forman parte de nuestra cultura sin ser originalmente pertenecientes a ella, es aún más enriquecedor; por ello, por tantas obras con enseñanza moral, tantas huelgas y manifestaciones encabezadas por ellos, por las noches en vela que pasan escribiendo al tiempo que nosotros leyendo, por esas charlas que invaden el corazón y cada entrañable personaje que nos regalaron: es un placer leer a los Taibo.


Imagen: https://www.sinembargo.mx/17-11-2018/3498170

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