5 propósitos de año nuevo que NO deberías intentar… o sí

Por Fernando López Armenta

Ustedes no están para saberlo, muchachos, pero aconteció que durante las últimas semanas sentí una aguda e inconmensurable curiosidad por conocer los propósitos de año nuevo de algunos amigos, familiares y gente random que tuvo la mala suerte de encontrase conmigo en situaciones sociales durante los últimos días. Yo mismo pasé una tarde entera efectuando la más profunda labor de contemplación personal con el fin último de averiguar lo que mi pobre, pobre corazón (y mi billetera) anhelaban para este 2019. Como resultado de tan infructuosa faena, me encontré frente a un montón de nobles propósitos del tipo: “este año sí voy a ser vegano todos los días de lunes a viernes, siempre que el viernes no salga de fiesta” y otros igualmente modestos como: “hacer un curso de 3 semanas sobre cata de vinos y convertirme en el mejor máster sumiller en mi familia (sin considerar a Ángel, mi primo que de hecho pasó 6 años en el sur de Francia aprendiendo sobre vinos)”. 

En esta lista interminable de buenas intenciones que logré recabar, figuraban también otros ejemplos más tradicionales que no mencionaré ahora para no herir sensibilidades (y porque son un poco mainstream, debo decir), ya ustedes podrán imaginar algunos, todos ellos bastante respetables, por supuesto. También considero necesario hacer notorio el hecho de que durante la misma extensión temporal saltaron en mis notificaciones de redes sociales algunos interesantes artículos de revistas y blogs en los que se hacía alarde de los “mejores”, “más sanos” y “originales” propósitos para el último año de la década en curso, muchos de ellos agrupados en las más curiosas categorías como: propósitos feministas, propósitos católicos, propósitos gluten-free… por mencionar algunos ejemplos. 

Llegó un momento en todo este proceso en el que me di cuenta de que tal vez sería espiritualmente enriquecedor (o no) hacer una pequeña lista de MALOS propósitos, cosas que nadie recomendaría hacer, no con el fin de incitar a su materialización, sino con la simple intención de picarle las costillas con un palo a la mala suerte para ver qué pasa, nomás por pura ociosidad. Por esta razón, he desdeñado transitoriamente mis múltiples y más refinados pasatiempos (tirarme en mi cama a ver Netflix) para preparar un compendio de 5 malos propósitos para este 2019. Yo mismo les recomiendo que no los intenten, ni en un millón de años. Pero, si en algún momento llegaran a sentir la tentación de efectuar alguno de ellos, ya les puedo decir que los resultados podrían ser desastrosos y tal vez, sólo tal vez podría ocurrir algo inesperadamente bueno. La suerte lo decidirá, inténtenlo bajo su propio riego. 

1. Haz algo de lo que después te arrepientas: Todos tenemos certeza de las cosas que nos asustan y/o desagradan, actividades que, siempre que se tenga la opción, evitaríamos a toda costa. Pero, ¿qué pasaría si eligiéramos alguna y la probáramos? No con la expectativa de que salga bien, sino sabiendo de antemano que la pasaremos mal y que en futuro próximo nos arrepentiremos de haberlo hecho. “¿Cuál es el %*$&*#! sentido de intentar esto?”, increpó irritada la delicada damisela. Tal como mencioné con anterioridad, los osados no deberán esperar buenos resultados de tan vana empresa. No hay, de hecho, ninguna buena intención en intentar algo así, en pocas palabras esto es un despropósito previamente anunciado. Así que envía tu CV a esa organización internacional que tanto te atrae, invítale unos taquitos de banqueta a tu crush, tíñete el pelo, múdate a otra ciudad, hazte un (otro) tatuaje, renuncia a tu trabajo y atraviesa el país en bicicleta, funda tu propia compañía… hay un sinfín de malas ideas que podrías (no) intentar. 

2. Celebra un fracaso con tus amigos: Si por razones inexplicablemente azarosas has llevado a cabo el (des)propósito anterior, muy probablemente estarás facultado para continuar irremediablemente con esta otra mala idea. Haz un tradicional grupo de WhatsApp e invita a tus amigos a celebrar tu más reciente fracaso. Los elementos circunstanciales relativos al infortunio en realidad serán lo menos importante: celebra que no te dieron la beca para la maestría, que tu negocio no salió como esperabas, que te despidieron del trabajo, que tu ex se fue con su mejor amigo (que supuestamente era gay), etc. Teóricamente las celebraciones fueron pensadas con el fin de festejar acontecimientos positivos, pero las certezas de la vida son siniestras y tal vez este “fracaso” resultará ser en algún momento algo positivo, luego entonces, es algo digno de celebrarse. 

3. Habla con más desconocidos: Todavía hoy recuerdo los lejanos años de mi tierna infancia cuando mis padres y maestros solían insistir con singular ahínco en que evitara determinantemente hablar con desconocidos. La tercera mala idea consistiría, muy a mi pesar, en hacer caso omiso a tan inquebrantable juramento, tomar unos 3 shots de mezcal (o así) y salir al bar más cercano con la firme intención de regresar a casa teniendo un millón de amigos más (la cantidad de nuevos amigos será directamente proporcional a la concentración de alcohol en tu sangre, multiplicada por tu nivel de habilidades sociales y dividido entre la cantidad de efectivo que lleves encima). Si por gustos masoquistas se quisiera elevar el nivel de dificultad de este (des)propósito, inténtese conseguir el mismo resultado, pero prescindiendo del alcohol y de cualquier otra sustancia psicoactiva. Considere que la 1,3,7-trimetilxantina, vulgarmente conocida como “un café del día venti”, también figura como una droga psicoestimulante. 

4. Deja ir las cosas que ya han cumplido su propósito en tu vida: Imagina que un día tuvieras que seleccionar únicamente 30 objetos para continuar con tu vida (incluyendo ropa, gadgets y adquisiciones varias). No sé tú, pero yo definitivamente dejaría fuera de mi selección todos esos objetos que en algún momento fueron útiles pero que en el presente solo ocupan espacio que podría ser bien aprovechado para otros fines. Tu colección de botellas de cerveza, la masiva Estatua de la Libertad que compraste cuando hiciste 2 horas de escala en New York y cosas de similar naturaleza han cumplido su misión en tu vida, pero misteriosamente insistes en aferrarte a ellas. Lo mismo ocurre con las personas. Habrá gente que llegará a tu vida transitoriamente para cumplir un propósito y en algún punto deberás dejar que continúen su viaje el río de la creación, de nada servirá que conserves carpetas enteras de fotografías, cartas, postales, pulseritas y conversaciones de Messenger. Lo que queda en ti es lo más valioso que puedes conservar de estas personas, lo demás es solo accesorio. Mantén presente la premisa básica del minimalismo: Menos, es más. 

5. Empieza algo y déjalo sin termin…


Imagen: https://unsplash.com/photos/PAykYb-8Er8

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