Valores perdidos

Por Víctor Manuel Cruz Martínez

Ha pasado ya el primer mes del 2019 y durante este tiempo varios sucesos han marcado el actuar de la nueva administración encabezada por López Obrador.

Uno de ellos ha sido la explosión en una toma clandestina en la región de Tlahuelilpan, perteneciente al estado de Hidalgo, en donde pobladores del lugar aprovechaban la ruptura de un ducto de Petróleos Mexicanos para adueñarse de todo el combustible que fuera posible.

Sin embargo, este acontecimiento (común en nuestro país) se convertiría en una verdadera catástrofe cuando por razones aún no bien definidas la zona se convirtió en un verdadero infierno, dejando un saldo de más de 90 personas muertas y más de 30 heridas.

Este hecho es sin lugar a dudas una tragedia, existen opiniones encontradas sobre lo que pasó esa tarde en Hidalgo, no obstante, habría que hacer una retrospectiva con una mirada más crítica y objetiva de la situación.

El combate al robo de combustible que ha implementado el gobierno federal provocó una temporal crisis de desabasto en la mayor parte del país los primeros días de enero, cuando comenzó a desarrollarse la estrategia.

Se buscó el trasladar la gasolina por medios diferentes a los ductos subterráneos por donde corre el combustible para evitar el robo del mismo por parte de las personas dedicadas a este ilícito que hoy en día se les conoce de manera coloquial como “huachicoleros”.

Ahora bien, hay quienes afirman que las personas que se encontraban presentes en Tlahuelilpan no se dedicaban a esta actividad, simplemente estaban ahí por la necesidad de llevar gasolina gratis a su hogar y aprovechando la situación, seguramente lucrar con el ya mencionado líquido.

Cualquier persona con sentido común sabe que éste líquido es altamente flamable y puede estallar con el menor chispazo, y más a una temperatura ambiente como en Tlahuelilpan en donde el calor juega un papel importante en el clima de la región.

Aun así, “el pueblo bueno y sabio” decidió nadar, jugar y bañarse en un líquido con olor a muerte y además regocijarse, burlarse y hasta invitar a aumentar la asistencia al lugar cuando a través de redes sociales mostraban sus “hazañas” en las narices de la autoridad.

Llama la atención como en un video una habitante de la región, que perdió a sus familiares en esa explosión, les reclama a los militares de manera grosera y violenta diciendo que por culpa suya se consumó la tragedia, que no hicieron nada para evitarla.

Ciertamente esta situación solo refleja la carencia de valores éticos y cívicos de una sociedad que está acostumbrada a no obedecer a la autoridad aun sabiendo los riesgos que corre.

Una sociedad que solo busca a quien culpar, que cree que el gobierno debe resolver todos los problemas en su vida en lugar de asumir su propia responsabilidad y asumir las consecuencias de sus imprudentes actos.

Una sociedad de doble moral que aplaude al gobierno cuando le conviene y lo señala, critíca y aborrece cuando lo que hace va en detrimento de sus intereses o simplemente no comparte sus acciones y las reprueba sin antes entenderlas.

Esa sociedad que abuchea, escupe, denigra y humilla a los policías, militares y demás autoridades cuando no las necesita, pero les exige, grita y busca cuando requieren su apoyo de manera inmediata.

Así no México, así seguiremos estancados mucho más tiempo del que ya hemos estado; el pueblo confunde el robar con la pobreza, el hurtar con la necesidad, el delinquir con la falta de oportunidades y la realidad no puede seguir así.

México cambiará realmente cuando acabemos con esa pobreza pero de valores, de educación, de civismo, de empatía y de respeto tanto a los individuos como a las instituciones y autoridades.

Cuando asumamos la responsabilidad de nuestros actos y seamos firmes en las decisiones que tomemos y en las consecuencias de las mismas.

Cuando comencemos a gestar una educación desde casa y la comuniquemos con nuestros círculos cercanos e invitemos a ser una mejor sociedad.

Cuando aprendamos que si algo no es tuyo no tienes por qué tomarlo, sea desde una galleta, un lápiz, un billete, un celular, hasta un carro, una cartera o el propio combustible.

El objetivo no es hacer menos el dolor ni la tragedia de lo acontecido en Tlahuelilpan, sino de hacer catarsis de como este acontecimiento pudo haberse evitado si tan solo se tuviera el valor y la responsabilidad social de no querer adueñarte de lo ajeno.

Si bien es cierto que la corrupción y la impunidad han lapidado de manera brutal nuestro país, eso no justifica el adoptar una conducta cínica y desvergonzada al aprovechar cualquier oportunidad de rapiña.

Los mexicanos no deben convertirse en aquello que señalan como el cáncer de un gobierno, sino todo lo contrario, deben mostrar que son quienes tienen el poder de hacer cambiar las cosas.

Ojalá éste sea un hecho único e irrepetible que nos ayude a aprender de nuestros errores y a comprender que tragedias como ésta se pueden evitar siempre y cuando pongamos de nuestra disposición como ciudadanos.


Imagen:  https://www.google.com.mx/search?hl=es-419&tbm=isch&source=hp&biw=1366&bih=657&ei=q_ZQXK2qEJegjwSR7IDIBQ&q=Tlalhuelilpan&oq=Tlalhuelilpan&gs_l=img.3..0i10j0i5i10i30l5j0i10i24l4.2108.4393..4576…0.0..1.204.2154.0j12j1……2….1..gws-wiz-img…..0..35i39j0.vO8msRP2vRM#imgrc=GFrXkxosBrvSXM: 

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